Cristo de los Favores (Granada), la única procesión ‘estática’ que no ha faltado nunca

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Hoy, la Semana Santa de Granada está repleta de procesiones de Ramos a Resurrección. Miles de turistas se agolpan para presenciar su magnificencia; desde todos los barrios dirigiéndose hacia la carrera oficial. Sus vistosos desfiles se encuentran en la primera división de las cofradías españolas. Pero no siempre fue así; desde hace cinco siglos siempre hubo procesiones, pero se caracterizaron por su irregularidad. Hubo bastantes años en que los pasos no salieron a la calle. ¿Los motivos?: la invasión de Napoleón, las sucesivas revoluciones del inquieto siglo XIX, la I República, la II República y la guerra civil de 1936. Fueron etapas de procesiones en el interior de los templos. Pero desde 1682 ha habido una manifestación en la Semana Santa granadina que no ha fallado nunca a los devotos granadinos: el desfile ante el Cristo pétreo de los Favores.

Los granadinos siempre se han refugiado en el Crucificado del Campo del Príncipe, desobedeciendo prohibiciones de los franceses (1810) y cuando no hubo procesiones durante las revoluciones del XIX, I y II Repúblicas y guerra civil de 1936

La cruz de piedra blanca es atribuida a la escuela de Alonso de Mena. Data de 1640 en que fue erigida en lo que hoy es Plaza de Fortuny. Dice la tradición que fue pagada por los vecinos del barrio en agradecimiento por haberlos librado de una epidemia. En 1682 fue trasladada a un lateral del Campo de Príncipe y más tarde al lugar actual. Parece que la escultura del Cristo le fue añadida en este movimiento. Comenzó a cobrar fama de milagroso y nunca le faltaron flores a los pies ni aceite en sus lamparillas. A él acudían los antiguos a solicitarle ayuda para sus males y desventuras. Hasta que con el tiempo, ya en los siglos XIX y XX, se fue oficializando su carácter de favorecedor de deseos mediante el respaldo de la jerarquía eclesiástica. El Cristo de piedra incluso fue tomado como modelo para el paso de la cofradía del mismo nombre. Y el Viernes Santo, a las tres de la tarde, quedó institucionalizada la visita de la Virgen de la Soledad como una procesión más del calendario semanasantero granadino. Los creyentes acuden con sus padrenuestros, credos y avemarías, además de sus tres deseos secretos, a pedir que al menos uno les sea satisfecho. El resultado de la rogativa queda para cada uno.

Lo poco que permitió la invasión francesa

Las ideas de la ilustración de finales del XVIII ya apuntaban al clericalismo como un enemigo a batir. Y las manifestaciones populares de cofradías y procesiones ligadas a la religión comenzaban a no ser bien vistas. Pero eso era en otras ciudades; en Granada la causa del paulatino declive de las cofradías y sus actividades de Semana Santa no era otra que la pobreza. Desde siempre fue tradicional que los hermanos salieran a pedir colaboración económica a los vecinos para sufragar sus gastos. En periodos boyantes, la gente aportaba y participaba; en periodos de penuria, más que pedir a las cofradías acudían a pedirles.

La Semana Santa era una manifestación religiosa más. Nada de turismo, ampulosidades y grandes movimientos de masas. Las que procesionaban, lo hacían en su vecindario, alrededor de la iglesia o convento donde venían estando radicadas desde la cristianización de la ciudad en el siglo XVI. Existieron cofradías desde pocos años después de la Toma, importadas de las vetustas tradiciones castellanas; pero fueron cofradías que tuvieron una vida guadianesca.

Para emporar las cosas, en enero de 1810 llegó el ejército de Napoleón y se adueñó de la ciudad. El arzobispo salió huyendo. Los franceses saquearon todo lo que había de valor en conventos e iglesias, incluidos los enseres de las cofradías; exclaustraron a sus frailes y monjas. Estas corporaciones se refugiaron en las iglesias que no fueron convertidas en cuarteles. Impusieron un arbitrio a la ciudad de 5 millones de reales. No prohibieron expresamente la práctica de la religión y manifestaciones cofrades, pero no debía estar bien visto por los afrancesados dominantes. Aunque sí se prohibieron las reuniones de más de 6 personas y prácticamente había toque de queda en horas nocturnas. Es decir, las procesiones quedaban afectadas en la práctica.

La Soledad, en una de sus primeras visitas al Cristo de los Favores. Revista Reflejos, abril de 1928.

El general gobernador de la plaza, el mariscal Doguerau dejó claras las anteriores prohibiciones en un bando público de 5 de abril de 1810. A pesar de ello, el pueblo granadino se las ingenió para acudir en fila, sin agruparse, a cumplir el Viernes Santo de aquel año con su Cristo de los Favores. Los franceses permitieron que aquella masa de gente enlutada deambulara y rezara en el Campo del Príncipe en absoluto silencio y libertad. Quizás influyera el hecho de que los granadinos se habían portado de manera absolutamente pacífica y colaborativa (a regañadientes) durante los quince días anteriores a la Semana Santa que había permanecido el rey José Napoleón I en la ciudad. La Semana Santa quedó reducida al rezo en fila ante el Cristo de los Favores durante los años 1810-12 en que permanecieron los franceses arruinando Granada.

Siglo XIX de sobresaltos

Los franceses de fueron, pero su semilla liberal había quedado sembrada en España. Todo el siglo XIX fue un continuo sobresalto: derrocamientos, guerras civiles, gobiernos efímeros, constituciones breves, revoluciones, asonadas, expulsión de monarca, importación de rey, primera República y restauración borbónica. La pobreza e instabilidad política seguían siendo las principales características de la vida granadina; no era precisamente un buen ambiente para sacar procesiones a las calles. Las cofradías se desarmaron en su mayoría; la celebración de la Semana Santa quedó reducida al montaje de monumentos en iglesias y celebración de vía crucis y oficios en su interior. En periodos inestables incluso se sucedieron bandos prohibiendo desfiles de cualquier tipo, incluidos los religiosos. A pesar de ello, alguna que otra cofradía solía salir puntualmente, como fue el caso de las Angustias en 1857.

Hasta que llegó el arzobispo Bienvenido Monzón Puente (1866-1885). El prelado se decidió por impulsar la recuperación de las procesiones como manifestación callejera de la devoción de los fieles católicos. Pero no corrían buenos tiempos; en 1868 estalló la Revolución Gloriosa. Las cofradías fueron respetadas porque no suponían un poder importante, pero sí convirtieron a la Iglesia en uno de sus principales objetivos de lucha. Aquel arzobispo no se amilanó y continuó apoyando la salida de las procesiones, sin bien en número escasísimo.

Monzón se percató del gran poder de atracción del Cristo de los Favores, la única manifestación religiosa que nadie se había atrevido a tocar desde su erección en 1640. El Cristo había estado en la plaza del Realejo; después trasladado a un lateral del Campo del Príncipe y, en desde 1682, en el lugar céntrico actual. Venía rodeado de una nebulosa milagrera por haber salvado al vecindario de plagas, a una joven de ser violada ante él y de otros muchos supuestos milagros. La gente acudía a llevarle flores y algún que otro exvoto por el favor concedido. Era la mejor procesión estática de Granada. El arzobispo emitió una bula por la que se concedía 80 días de indulgencias a quienes rezaran padrenuestros y avemarías a la pasión de Nuestro Señor y a los Dolores de su Santísima Madre (así figura en una inscripción grabada en el pedestal del monumento en 1884).

I República: no procesionarás en tiempo de tribulaciones

En el periodo revolucionario de la Gloriosa (1868) existe la referencia a que al menos dos cofradías, la Virgen de las Angustias y el Vía Crucis del Albayzín, continuaron sacando sus pasos. No iba a ocurrir lo mismo en las primaveras en que estuvo vigente la I República. Los ayuntamientos cayeron en manos de gestoras, en las que se alternaban muchos ciudadanos anticlericales. El miedo cundió y la Semana Santa se replegó a los templos.

Nuevamente, el Cristo de los Favores fue la única manifestación callejera de aquellas semanas santas de la I República. Debió ser menos la gente que acudió a las tres de la tarde del Viernes Santo, al menos si nos creemos el balance publicado por la prensa republicana.

Resurgimiento de procesiones: 1875 a 1909

La estabilidad política llegó tras la restauración monárquica de Alfonso XII. Y con ella, los desfiles. En su primer año de reinado, 1875, fueron once las procesiones (incluido el Santo Entierro) que se atrevieron a sacar sus pasos por las calles de Granada, principalmente con itinerarios dirigidos a Plaza Nueva-Reyes Católicos. Muy poco después, en 1880, el párroco del Salvador reorganizó el cortejo del Vía Crucis desde su iglesia hasta la ermita de San Miguel, en el cerro del Aceituno; la mantuvo casi inalterada hasta su constitución en hermandad (1917); a las imágenes y enseres de este paso que aguardaba un negro futuro en el siguiente periodo revolucionario.

El Vía Crucis del Salvador volvió a salir tras la Restauración, hacia 1881, y continuó hasta la II República. En esta foto lo vemos llegando a la Ermita de San Miguel Alto (Martínez Rioboó, en 1918). El Cristo fue quemado el 10 de marzo de 1936 en el incendio de la iglesia.

A partir de la iniciativa de Monzón quedó institucionalizado el rezo del Viernes Santo ante el Cristo de los Tres Favores. Si bien esta tradición fue reforzada a raíz de la creación de la Cofradía del Cristo de los Favores (1926). El rezo debía ocurrir en el momento en que las sagradas escrituras calculan que murió Jesucristo en el Gólgota: Viernes Santo, 3 de la tarde. Por eso, los fieles acuden a pedir tres favores, de los cuales la tradición asegura que al menos uno le es concedido.

Las albaiceneras fueron de las primeras en reaparecer con la Restauración; les siguieron otras de la ciudad baja de una manera muy irregular. Unas veces salían, otras no; aducían problemas económicos la mayor parte de las veces. Recordemos que se pagaba a los obreros que las sacaban, pues hasta se llegaba a dar jornal a algunos capirotes.

La jerarquía eclesiástica no estaba muy conforme con el desarrollo de aquel tipo de procesiones folclóricas del tránsito de siglos. Incluso el arzobispo llegó a prohibir los desfiles entre 1902 y 1907. El motivo era la ausencia de fe y la abundancia de juerga. Hacía mucho tiempo que habían desaparecido las estampas de sangre y el recogimiento y sobriedad castellanos.

Del Desfile Antológico (1909) a la moderna Semana Santa (1926)

Sin embargo, de manera sorprendente surgió la idea de recuperar la Semana Santa bajo el esquema de desfile único. Lo llamaron Desfile Antológico. Nuevamente, la Semana Santa granadina volvía a mirar a algunas ciudades castellanas; pero seguía envidiando el modelo sevillano que, desde mediados del siglo XIX y con el apoyo del Ayuntamiento y del Duque de Montpensier, era un magno acontecimiento que atraía a los primeros turistas.

En la década de los años 20, Granada seguía envidiando la Semana Santa sevillana; ni en los peores tiempos políticos habían fallado las procesiones junto al Guadalquivir. Granada quería ser como ella. El momento económico y social se alió con el nuevo arzobispo (Casanova y Mazol, 1921-30); el prelado alentó el nacimiento o recuperación de vetustas cofradías; durante su mandato fueron creadas once hermandades, que poco a poco comenzaron a poner pasos en las calles. Ahí sitúan quienes saben del tema el nacimiento de la Semana Santa moderna. También fue el nacimiento de la Soledad de Santo Domingo (1926), que cada Viernes Santo visita al Cristo de los Favores; de manera que desde entonces esta manifestación procesional estática figura en el programa oficial de procesiones. El arzobispo Casanova también sancionó el rezo ante el Cristo de los Favores como un acto supremo de devoción cristiana. Lo hizo el 19 de febrero de 1929; había que rezar cinco padrenuestros y tres avenarías ante la imagen.

Del esplendor de 1931 al miedo en la II República

Pero sin saber cómo, las rivalidades políticas habían anidado en el seno de las hermandades. Granada estaba dividida entre izquierdas y derechas; muchas cofradías, también. A pesar de ello, la Semana Santa de 1931 fue la más esplendorosa desde medio siglo atrás. Al menos si nos atenemos a las noticias aparecidas en la prensa de la época. Incluso estuvo participando en los desfiles el Príncipe Jaime de Borbón (la última salida que hizo en España antes de ser expulsado para siempre); apareció por vez primera el cartel oficial de la fiesta.

Sin embargo, la situación política ya estaba muy revuelta. Una semana después, las elecciones municipales desembocaron en la proclamación de la II República. Se auguraba un largo periodo de Semana Santa interior, recluida en iglesias, conventos y monasterios. Las hermandades se contrajeron, pero no llegaron a desaparecer debido, fundamentalmente, a la gran labor de la Federación recién creada. De la Semana Santa más esplendorosa hasta entonces, la de 1931, se pasó a tres años oscuros en que ninguna procesión se atrevió a sacar sus pasos a la calle. El periódico republicano El Defensor de Granada informaba brevemente de los oficios en las iglesias, sus monumentos y del vía crucis por las naves de la Catedral. Granada ni siquiera tenía arzobispo que alentara la atonía y calmase los miedos. En las calles había amenazas por grupos de exaltados de izquierdas; incluso llegaron a poner un petardo en la puerta de la Curia para amedrentar a los cofrades.

Granada tuvo miedo las semanas santas de 1932, 33 y 34. Ninguna de sus hermandades salió en procesión, como sí ocurrió en muchos casos con las de Sevilla y otras ciudades y poblaciones; algunos pasos fueron tiroteados o profanados. En nuestra ciudad los incendiarios ya habían dado aviso de sus intenciones con los primeros atentados contra edificios católicos desde la primavera de 1932.

En noviembre de 1933 hubo elecciones generales. En este caso se formó un gobierno derechista, comandado por la Confederación de Derechas Autónomas (CEDA). Si en la del 1934 no dio tiempo a organizarse, sí lo hicieron para la de 1935; las cofradías albayzineras no salieron debido al excesivo clima de enfrentamiento y miedo que había en el barrio, pero sí estuvieron en la calle diez cofradías en la zona baja de Granada entre el lunes y viernes santos. En algo influyó la arenga del nuevo y moderno periódico católico Ideal, que tomó el relevo del rancio Triunfo y la Gaceta del Sur como órganos clericales/conservadores.

Pero las nuevas elecciones generales de febrero de 1936 llenaron aún más de odio y división a los granadinos; primero las ganó la derecha, pero quedaron anuladas y en la repetición las ganaron las izquierdas. Entre unas y otras urnas, iglesias, cruces, periódico Ideal (ligado a la CEDA, donde trabajaban los diputados Ramón Ruiz Alonso y Julio Moreno Dávila), casino, etc. habían ardido por atentados de exaltados. Los ánimos no estaban para sacar las procesiones a la calle.

Para empeorar la situación, tampoco los años de guerra pudieron sacarse procesiones. Sólo ya en 1939, cuando se vislumbraba el final del conflicto armado, se atrevieron a salir El Rescate, El Silencio y la Soledad del Campo del Príncipe.

Durante todo el periodo de tribulaciones de los años de II República y guerra civil, los granadinos no habían dejado de acudir cada Viernes Santo a rodear su Cristo de los Favores. Y lo hicieron gentes de derechas y de izquierdas; todos se ponían a cobijo de su Cristo de los Favores. Los dos periódicos informaban que en 1937 se congregaron unas 15.000 personas alrededor del Cristo de los Favores. Nunca hasta entonces había habido tanta gente en el Campo del Príncipe.

Curiosamente, la imagen de este Cristo en piedra fue de las poquísimas que no sufrió ningún atentado durante el convulso periodo de quema de iglesias y destrucción de cruces comprendido entre 1932 y 1936.

FUENTE: El Independiente de Granada

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