Un crucificado que viaja de Dos Hermanas a Panamá

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Antonio Luis Troya es un imaginero nazareno que traspasa fronteras. Sus obras han alcanzado rincones recónditos del continente americano y trabaja día a día desde la humildad en su estudio de Dos Hermanas para seguir creciendo en el difícil mundo de la imaginería. Desde los dieciséis años, cuando cursaba sus estudios en el Colegio de Nuestra Señora de la Compasión, se encuentra formándose en el mundo de la imaginería y restauración. Tiene una gran vinculación con Panamá, lugar hasta donde han viajado sus obras en varias ocasiones. Recientemente, un Cristo crucificado ha viajado hasta Veraguas, localidad panameña que mediante su obispado le encargó una obra a tamaño natural de esas características.

40 días de viaje y 9.000 kilómetros, eso ha recorrido su nueva obra para alcanzar Panamá. Fue expuesto en un conjunto escultórico en la Sala Apeadero del Ayuntamiento de Sevilla a principios de septiembre, lo que obligó a posponer su viaje a tierras americanas, siendo acogido con agrado por el mundo cofrade. Esta obra comenzó a ejecutarla en marzo de 2017, aunque anteriormente, en su viaje de 2016, ya le mostraron la intención de realizarla.

Su vinculación con esta tierra comenzó en 2013 con motivo de la restauración del Cristo de la Atalaya de la Basílica Menor de Atalaya en Panamá. En 2015 regresó de nuevo a Atalaya para revisar a la imagen y en 2016 restauró la imagen de San Francisco Javier, patrón de Cañazas, población ubicada en la provincia de Veraguas.

Desde Bernini o Mariano Benlliure, hasta Juan de Mesa, Martínez Montañés o Pedro Roldán,afirma que de «todos puedes aprender siempre tengan mayor o menor trayectoria, cada uno de ellos son totalmente diferentes en ejecución y estilos, pero en mi opinión creo que hay que fijarse en todos». Menciona también a Miñarro, Fernando Aguado, Darío Fernández o Lourdes Hernández, imagineros actuales cuyas obras se están abriendo paso entre el mundo cofrade.

Antonio Luis Troya junto a sus dos obras para Panamá / F.V.

Este crucificado ya ha sido bendecido en Panamá, concretamente en la noche del sábado 17 de noviembre y quedará expuesto al culto en la Basílica de Atalaya hasta la finalización de una nueva iglesia en la localidad de Veraguas, donde será finalmente trasladado para su veneración. «Me enorgullece que mi obra traspase fronteras, a día de hoy tengo obras en Roma, Panamá, Brasil, México, El Congo y Sudán pero me enorgullece a parte iguales tener una obra en el extranjero que por supuesto aquí en mi tierra, lo importante no es el lugar donde reside la obra, para mí lo importante es llegar a la gente y que despierte un sentimiento, conseguir que la obra transmita y tenga unción sacra», explica este imaginero nazareno.

Troya se encuentra trabajando en nuevos proyectos, algunos volverán a pasar la frontera y llegarán al continente americano como la dolorosa que estuvo expuesta en el Ayuntamiento de Sevilla junto a este crucificado, otros se quedarán más cerca de su estudio como una Santa Ángela de la Cruz o un Cristo Cautivo. Actualmente, en la iglesia del Santo Ángel, se encuentra el Cristo de la Humildad, una obra que recientemente fue expuesta al culto en este emblemático templo de Sevilla. Sin duda, Antonio Luis Troya lleva la marca Dos Hermanas a numerosos rincones del mundo con sus obras realizando imaginería sacra y restauración de todo tipo de obras de arte.

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